Esta noche no, esta noche descanso del mundo, me despego tres segundos de la tierra, me elevo un poco más, me entierro un poco más. El grillo de los pies aún ata, por eso, pedir ayuda al mundo no es humillante... nunca se ha abandonado... no está mal pedir una ayuda...
viernes, junio 30, 2006
Se escribe: mejor sacarla que sentirla
jueves, junio 22, 2006
Liza escribe: el chocotraficante
Hacía muchos años, y como en otros países no pasaba, se había prohibido el cacao en todas sus formas. Ni medicinalemente, ni a los chocoadictos por piedad, ni para los santafereños... Jet había quebrado, Melvin buscaba trabajo en fiestas infantiles. Él decidió, por razones ya expuestas, buscar quién le vendiera cacao a buen precio, quién le hiciera barras de chocolate, a mejor precio y quién empacara muy bonito. También buscó otros que las vendieran en tiendas clandestinas, y vendedores ambulantes que las escondieran debajo de los letreros de "Minuto a 400", o debajo de las demás chucherías.
Sin buscarlo, encontró a su mano derecha, o izquierda, ya que era un manipulable y lambón hipoglicémico, que desde que se había prohíbido el chocolate, no hacía más que soñar con viajar a la tierra de Hansel y Gretel, así se lo comiera la bruja. El hombre le seguía de cerca, y se encargaba de probar que cada uno de los productos fuera de la mayor calidad, y gracias a su amplio conocimiento, daba el visto bueno u ordenaba amargar o endulzar más; aún cuando vivía pálido y mareado, era una buena compañía basada en la fidelidad del adicto.
Una vez que logró introducir sus cargamentos internos, las regalías empezaron a bañarle en oro, en fresas con chocolate, en choquis y demás. En cada esquina un niño o un adulto - en especial los primeros - tenían el rededor de la boca de un color marrón, a veces con manchas de otros colores o trozos de maní o almendras, dependiendo de la modalidad que consumieran. El chocotraficante ya nunca andaba solo, detrás de su camioneta último modelo de ojos negros, le seguían otras no tan vistosas, y luego motos por montón. Aparecía a la cabeza de los más buscados reactivadores de economía, y contradictorios de los planes ya montados, era el principal enemigo de la ARGDPCC (Asociación rehabilitadora de gordos y diabéticos por causa cacao), quienes lo buscaban desesperadamente sin mucho éxito, ya que manejaban políticas de trabajadores egresados de la institución, a quiénes era muy fácil sobornar, y recaían con frecuencia.
Solía personalmente asistir a colegios y escuelas, a parques y heladerías, a chiquitecas (a ellas asitía con guardaespalda) y jardínes, a McDonalds y otros, dándole a probar a la nueva generación las delicias de lo prohibido, y convenciéndoles de la importancia de compartir con los demás sus alegrías. Les compraba a sus trabajadores, elegantes triciclos en los que podían camuflar la mercancía. En muchos casos se intentaron cambiar Max Steels por al menos una barra. Las casas de empeño se llenaron de autos de Barbie y cocinitas Fisher Price.
El chocotraficante repartía muestras gratis furtivamente a la salida de saltarínes y trenecitos de centros comerciales, en el tunel y cerca a los rodaderos. El sabía que vendrían por más.
Pero la cosa no paraba ahí, a los adultos también se les repartió muestras gratis hasta en los museos, aunque en su caso no fue tan serio, algunos tenían más control, aún cuando otros pagaban con kilos de heroína un par de barras.
Don chocotraficante nunca más tuvo tiempo, ni siquiera para pensar como tenerlo. Nunca pudo practicar Yoga, ni volver un paso atrás. Había logrado sus objetivos, pero los había olvidado. Se había alejado de lo que había logrado, y lo notó, y se entristeció. Para no hacer duelo, le invitó al cielo a llorar por él.
La policía y los DRR (diabéticos realmente rehabilitados), dieron rienda suelta al albedrío mundano, decidieron, que definitivamente era mucho mejor que la gente escogiera y ya no gastarse tanto dinero con despliegues maravillosos, así que se legalizó de nuevo, a modo general, el uso del chocolate. El chocotraficante, se guardó en los bolsillos lo que pudo, y se afeitó el bigote para que no lo reconocieran, se quitó el anillo y se puso gafas, cambió la camioneta por un simple Ferrari y volvió a la salida de la ciudad de antes, con los patos y los libros de siempre. Con el sufrimiento y la preocupación futura, con los amigos que no conoció, y con la letras que hoy conoce. Con la nobleza que nunca muestra, y su gran corazón. Con su gran mente y sus ganas de ser, con sus posibilidades aún mayores. Como siempre, no come chocolate ni ocasionalmente, prefiere las galletas - de las que no tiene chocolate en ninguna de las formas, obviamente -, la lucha como nunca, pero está más tranquilo que siempre. (Y ese fue un final feliz).
miércoles, junio 21, 2006
Angela escribe: Sin título
miércoles, junio 07, 2006
Angela escribe: Un adiós sin Dios
Te fuiste de mí en el momento exacto en que no podíamos estar mas cerca. Ahora no sé si tu partida es para siempre, pero prefiero pensarlo así. Estoy tan cansada. Evitarte me desencaja el carácter, me desestabiliza, me confunde, me enfurece, me seca la imaginación, me aburre.
Los dos sabemos bien que no debimos dar ese paseo sin retorno por el Eje Ambiental. Pero ya es tarde y aquí nadie ganó nada. La vida no nos dará una segunda oportunidad... no merecemos tanta suerte. Estamos malditos, creo.
No hay rencores (júralo), aquí no termina la historia. Si acaso me voy al cielo, saldré a visitarte para hablar de cómo nos fue y tomarnos las cervezas que, por miedo se quedaron esperando en tantos bares.
sábado, junio 03, 2006
Angela escribe: Noches de messenger vetiao
En momentos en que "una" necesita de una voz amiga...
*Fabian Andrés dice:
y que haces?
Angelita dice:
aquí en mi casita tratando de que el interné de alguna forma llene el vacío existencial que me invade
*Fabian Andrés dice:
mmm veoAlguien tiene una pistola que me venda? ... baratica?
* El nombre del personaje no fue cambiado para someterlo al escarnio público por mostrarse tan compresivo
miércoles, mayo 31, 2006
Liza escribe: Democracia
domingo, mayo 14, 2006
Liza escribe: Para todos ustedes, la madre... jejeje
Me disculparán el sentimentalismo, la cursilería, pero voy a aprovechar el medio para expresar un par de cosas que no soy capaz de expresar verbalmente... Los que me conocen asentirán.
He visto muchas cosas en mi vida, pero lo que más me ha impresionado es ver a una mujer, que desde sus más tiernos años de juventud, esos años en los que uno está pensando en la rumba del sábado o en la salida trivia, andaba pensando en qué hacer para sostener en un mundo difícil a dos peladas; una medio traviesa, la otra medio autista. Fue capaz de trabajar de sol a sol, aguantar injusticias, apretones, insultos y mala vida, por hacerlas felices. Almorzó a las 10 de la mañana por muchos años, y llenó sus zapatos de barro por una causa que agradezco... porque yo soy la mitad de ella.
Hubo lágrimas muchas veces en sus ojos, pero la resolución firme y el corazón abierto hasta el desangre las ignoraban. En su alma se iban acumulando cargas como dinamita, que no explotaron sino que se convirtieron en flóres. Se esforzó, y fue valiente, cerró los ojos a lo malo y solo vio lo bueno, lloró por mi en un hospital cuando creyó que morí, decoró mi cuarto con besos de porcelana, adornó mi sueño con tortugas y caballos, me llevó a pasear en un escarabajo que aún vive en mi cabeza, me protegió de todo, me enseñó con paciencia y amor, me llevó de la mano por lo malo y me puso adelante en lo bueno... Y para colmo, todavía lo sigue haciendo.
Me hizo lo que soy, o la parte buena de mi se la debo a ella, mis ganas de progresar están en ella... y todo eso se lo agradezco, y como borracho melancólico, le pido perdón por mis conocidas y mundiales embarradas.
TE AMO MAMÁ
miércoles, mayo 10, 2006
Liza Escribe: Historias de bus
Mirando por la ventana pensaba si mejor hubiera sido mojarse, sentir la lluvia cayendo en su impermeable cabeza lateralmente blanca - no por la aventuras sino por el tiempo -. Tal vez hubiera sido mejor mojarse, sentir la lluvia rodando por su rostro como el rocío celestial que es, sentir la ropa ajustándose a su cuerpo, sentir el frío del particular anochecer, sentir algo, en tanto tiempo falta le hacía.
Ahora estaba como cada tarde, observando en el trancón la iglesia de la 11 mojarse, y su campana oxidada del olvido. Estaba ahí, mirando, sentado en la silla del bus azul junto a una ventana, como siempre, esperando que en menos de dos cuadras se subirían los 'pelados' de la universidad esa, y con sus cometarios triviales lo llevaran como en una nube de tonterías hasta su hogar y le hicieran olvidar las pendejadas de vivir. Quién se sentaría a su lado en esa ocasión? Pero esperen un segundo, el bus se detuvo inusualmente antes de llegar al territorio universitario, se ha subido una mujer pequeña y graciosa, despampanante solo para él, con un traje que parecía ser un conjunto elegante, pero al observarlo mejor se notaba que era uno muy común que buscaba tener el efecto que en esa ocasión tuvo en él. En un segundo se había descubierto, no era ejecutiva, ni de las bajas, no tenía la edad y aunque lo tratara de aparentar no tenía la presencia. Tal vez secretaria, tal vez solo de medio tiempo, de las que llegan a su casa a recordar que también están en una universidad. Era hermosa, la más hermosa -solo para él-, curiosa, delicada, sus movimientos eran leves y dulces, tiernos. Él la contemplaba sin disimular, pues a ella no parecía importarle, o al menos importunarle.
De vez en cuando dejaba de ver la mujer para mirar por la ventana, con el dedo índice largo y algo reseco limpiaba la empañada noche de luces de comercio, las gotas caían en forma de gotas al suelo, y terminaban en un charco en forma de circulitos perfectos, concéntricos, perfectos.
Ahora ella le lanza miradas más por lástima que por algo más, pero el no se fija porque tiene su vista concentrada en otro lugar. Pobre hombre, con su aspecto agobiado y su imposibilidad de quedarse quieto mientras el viaje transcurre... Pobre hombre, sin problemas, le agobia el no tener en qué pensar.
Lentamente la mujer hizo una maniobra para arreglarse el pelo, pero fue tan lento, tan despacio que todo parecía truco de un cinematógrafo juguetón. Y a esa velocidad risible, se quitó la moña del pelo y se la puso en la muñeca derecha y con un ademán de experta en la materia, tomo el pelo a modo de tornillo y deslizó la moña hasta el principio de su pelo haciendo que las puntas se ondearan de lado a lado y uno de sus rizos le rozara la barbilla mal afeitada... y recordó, pensó en aquella mujer de su juventud, esa que se había llevado todo, que era tan bella como la que estaba a su lado, la que sí le rozaba con sus hermosas y níveas manos, la que acariciándole le hacía sentir que nada tenía sentido después de ella, y nada lo tuvo. Pero podría volver a tenerlo... solo si ella no fuera tan joven. ¡El muchacho de las pizzas!, ese mismo que estaba en la esquina de las fotos así lloviera o hiciera sol, ¡carajo!, ya se tenía que bajar.
domingo, abril 30, 2006
Liza escribe: Feliz cumpleaños ANGIE
sábado, abril 29, 2006
Ángela escribe: 6/25 de siglo
00:01 de la madrugada. Técnicamente para esta hora mi edad se incrementó en uno.
Me concentro y pienso que estos años se han vivido bien... ¿Que si se pudieron vivir mejor, que si me arrepiento de algo y que si no me siento vieja me preguntas??... OBVIO !!
Escucho: De mis pasos - Julieta Venegas
martes, abril 25, 2006
Liza Escribe: Letras por goles
viernes, marzo 31, 2006
Angela escribe: No vuelvo a fumar esa porquería
miércoles, marzo 29, 2006
Liza Escribe: Ahora te entiendo Silva; parte III
Experiencias no faltaron, pero siempre resultaron vanas al lado de mis letras felices. Nunca lo dije, y muchas veces lo disimulé, necesitaba un poco de mundo para no parecer demasiado aislada de las conversaciones de la media hora de las onces. Ya estaba enamorada de algo no palpable, de letras, de palabras, de frases… Solo necesitaría encontrar una excusa, un espejo de mis amantes, algo con qué materializarlos… Y fue así como me enamoré de quién sabe qué cosas menos de lo terrenal. Me enamoré de lo extraño, obvié en la mayoría de las veces el físico que tanto estorba y tanto atrae. Empecé a tener aventuras con el aire que me olía a flores conocidas, a esperar un casino para jugarme la vida con los franceses, a internarme en Zipaquirá a ver que tan bueno salía de allá, y a tomarle fotos a un Príncipe de Asturias que vive a las afueras de Bogotá. Por ahí también me dieron ganas de leer en Latín y en abadías, de razonar en griego, de hacer esculturas, de ver momias… de vivir comiendo cheese cake o escuchando poesía improvisada… Tomé la decisión de enamorarme del amor, esperando que algún día alguna otra cosa tome forma física para pasar el tiempo, mientras espero que el sentimiento del que he estado hablando y que tal vez desaproveché la primera vez y las siguientes fueron borradas con licor, tatuajes e historias de mujeres fáciles exista y no sea una excusa para no aburrirnos tanto en el mundo aburrido y cruel… Ahora te entiendo Facundo, a mi no me gusta tanto que me digan Johanna, y tampoco quedarme tanto tiempo con algo que ya gasté en el papel, pero a veces, sabrás tu, se necesita, o terminas con la barba larga y en una cama, “cuadradito para la foto espacial”. A tu salud, a tu vida, y a tu muerte, de las que tanto me acuerdo, aún cuando no tendría por qué…
martes, marzo 28, 2006
Liza Escribe: Ahora te entiendo Silva; parte II
...El tiempo pasó, y había sido el primer romance que había pasado por mi vida. El recuerdo no era suficiente para compartirlo en las eternas horas de charla en el baño de las niñas, ya se me estaba olvidando, y cada vez que lo repetía cambiaba la cosa, se ponía más o menos intenso de cómo realmente había pasado, según hubiera despertado ese día… En una creo que hasta me casé, y en otras como que ni siquiera le presté atención, y el paisaje de tierra caliente se hacía más interesante.
Me aburrí de seguir esperando que algo así me volviera ocurrir, y al perder mucho tiempo esperando tener la valentía de llamarlo y preguntarle cómo estaba y que si todavía se acordaba de aquella situación engorrosa que aún había quedado sin terminar. Quería ser una mujer de armas tomar que se dejara de comer las uñas, costumbre que derriba fronteras, y se decidiera a poner en una bolsa negra a las muñecas, y destinarlas al cuarto de San Alejo; aún cuando la situación misma me daba pie para pensar qué tan Santo era Alejo, y qué tan lindo sería entablar una relación con él. A ver si las maripositas de Mauricio Babilonia se me volvían a meter por la oreja hasta el estomago… Aún cuando me aterraba que la mariposas no fueran amarillas, sería demasiado complicado tener mariposas de otro color por dentro... El resto no revolotean tanto, y hasta mala suerte deben traer; decía mi prima que la mariposas tenían karate, aunque creo que las amarillas no, tengo que preguntarle la próxima vez que se conecte desde su msn.es. En fin, me decidí a conocer gente del otro sexo, que resultaron ser tan o más aburridos que los de mi época… con anillos raros en los dedos, y actitud de desvestir a una mujer con sus ojos, aún cuando ni siquiera saben por qué lo hacen. Resultaron ser excelentes conversadores de basura, tanto hablaban que me daban ganas de reciclar para que doña Juana ya no estuviera tan cochina; quién sabe, de pronto hasta hubiéramos podido escribir poesía reacomodando las palabras. Después del robo de mi algodón de azúcar por uno de ese estúpidos triviales (hablo en el sentido literal, en serio me robaron un algodón de azúcar), me decidí a no buscar, igual es más factible encontrar que buscar, así que falté a la cita diaria de las conversaciones el baño, a los test donde se preguntaba de mil maneras si se es o no virgen, y a los catorce años para mi, era una respuesta obvia, así debían ser las cosas, y aún lo pienso por más zanahoria que parezca. Volví a la casa de mi siempre paciente amante, a quién descuidaba de vez en cuando por estar haciendo cualquier otra cosa, pero nunca olvidaba. La única diferencia es que le cambié el ánimo, ya no quería encontrar entre sus brazos, largas hojas de tragedia y términos técnicos que tenía que buscar en el diccionario, ya no quería sentirme obligada a recordar una fecha para que la siguiente tenga sentido, ya no más historias de niños valientes, de ancianos con un pie en la muerte, ahora iba a pedirle a mi amante que se codeara con los grandes, que fuera los grandes para hacerme feliz; no podía ser solo uno de los amante, tenía que ser todos al tiempo, ni uno más ni uno menos. Debía ser cambiante, exitoso, tierno, brusco, extraño, intelectual, ortográfico, biográfico, ficcionario (me acabo de inventar la palabra, y me gustó, así que no la voy a cambiar por más que venga la Real Academia y me digan lo que yo ya sé), trágico, feliz, gracioso; todo lo anterior y más, pero no al tiempo, sino por partes y en combinaciones raras, como se le antojara, pero que fuera como a mi se me antojara. Unos días moría en Shakespeare, otros mentía con García, otros no entendía Faulkner, otros suspiraba con Neruda, otro odiaba Vargas, pero siempre me enamoraba. Era el amor Platónico perfecto. No me hubiera avergonzado salir de la mano con ellos, es más, lo hacía muy a menudo...
Todavía continúa... jeje... sigan votando!!!
lunes, marzo 27, 2006
Liza escribe: El blog-reality
Liza Escribe: Ahora te entiendo Silva; parte I
Recogiendo recuerdos del desordenado y olvidado jardín de mi memoria, mientras hoy sábado, recojo del piso la ropa de toda la semana, que casualmente mi madre me pide que la recoja hace una semana, pienso y analizo todos y cada una de esas escenas que alguna vez viví, o vi en la tele y no logro distinguir.
El primero de lo recuerdos viene de una época donde la curiosidad y la experiencia se enfrentan cara a cara. ¿Qué es peor? Ceder a la tentación y decidir si en realidad me hubiera perdido de algo, o en el mejor de los casos, decidir que eso no es lo mío y dedicarme a jugar solitario en el computador, o a ganar plata con uno de los avisos de Internet de “gane dinero en su casa mientras ve su e-mail”, y a mí ¡sí que me gusta mirar el mail! En fin, el recuerdo es de la época en que miraba a las muñecas con recelo, porque mis amigas ya no las frecuentaban, y yo seguía queriendo ser su mamá, y no dejarlas de adorno… Me sentía una madre cruel. Tal vez en esa ocasión debí haber caído en la tentación de probar mi madurez tierna pero segura, y saber si podía controlar mi vida estudiantil, familiar y encima cargar con el ser parte de un ente ajeno a mí (y viceversa, supuestamente). Bueno, consideré que lo mejor sería no ceder la tentación… Ricky Martin decía que le gustaban las mujeres difíciles, ahora pienso que le gustan las mujeres que no le piden nada en el sentido filial… En fin, después de un fin de semana como ningún otro, con el que me codeé con gente que me llevaba 5 o más años, entre ellos él, me sentí más grande y más segura de mi decisión, si, efectivamente le iba a dar larga al sentimiento hormonal que me llenaba la cabeza, me hacía sudar las manos (como creo que nunca más me volverán a sudar), me hacía tartamudear como si algo horrible estuviera por suceder, y me ponía la piel de gallina, igualito que como me temblaba en Tunja mientras tomaba agua de panela de dudosa procedencia. Si, es curioso, era como un frío que me hacía sudar las manos… qué asco! Por qué ese tipo de situaciones que casi todo el mundo describe como una experiencia maravillosa, puede convertirse en una situación asquerosa? Al fin y al cabo, aquel día que veía Titanic como por enésima vez, y timbró el teléfono, pasé emocionada con las palabras contrarias al sentimiento y le dije a aquel muchacho de mirada tierna, mente abierta, buen amigo y ojos verdes, que no gracias, que apenas tenía 12 años y que así no funcionaban las cosas para mi, el tiempo definiría la verdad. Me despedí de él, y el sentimiento se hizo más fuerte, después de haber rechazado tal vez amor, o estrene de lo que llaman adolescencia (como si uno no estuviera en esa misma posición toda la vida)… Esperé una segunda llamada, verlo otra vez, oírlo repetir las mismas palabras de la vez que interrumpió la película, verlo como cuando lo vi aquel día en su casa, junto a la chimenea y con los nervios como bandera de verdad, sentirlo como aquel día del calambre (muy oportuno, déjenme decir) en el fin de semana maravilloso. Más no fue así, había perdido la primera, y tal vez única, oportunidad de saber si el amor como tal, existe…
Continuará....
jueves, marzo 23, 2006
Liza escribe: Una buena razón
sábado, marzo 18, 2006
Angela escribe: que sea un motivo
lunes, marzo 13, 2006
Angela escribe: Todo al trece y al millón
En un día como hoy de 1963 nació el personaje de la foto. Una de las personas que mas ha influido en mi vida.
Mucho se ha dicho de él. Que su carrera musical terminó en el 90, que su último trabajo de estudio parecía mas un culebrón venezolano que un disco con sello independiente, que las giras que hace cada año por toda Latinoamérica no le alcanzan para pagar las deudas que tiene, que cada día suena mas pop, en fin: que es un ídolo en decadencia.
Mucho de eso puede ser cierto, pero la fascinación que me produjo escuchar su música hace diez años en un programa de aeróbicos peruano, sobrepasa eso y más.
Mas allá de los comentarios de la crítica, para mi es un músico maravilloso, como lo son pocos y como deberían ser muchos..
Él me enseñó que lo que perdemos lo volvemos a amar o que lo que amamos lo volvemos a perder o que quizás, con un poco de suerte, nos ocurren las dos cosas.
Con él vinieron mi gusto por el tango, la música del Brasil, mi preferencias literarias (Ciorán, Roberto Arlt y Charles Buckovski...) Él me develó la música de Astor Piazolla, Jobim, Caetano Veloso, Chick Corea, Pedro Aznar, al mismísimo Spinetta, y muchos otros.
Admiro su brillantez, su voz de lamento, adoro los bucles que se sacuden en su cabeza cuando busca acordes imposibles en el piano. La sencillez y la grandeza con que se pone frente al público para ofrecer lo mejor que tiene para dar, sus letras llenas de poesía, de belleza. Él logra mezclar el dolor, la tristeza, la frustración, la rabia, el amor, la ternura y otras cosas que trae consigo el peligro de estar vivo, dejándome al final una sensación inalienable de tranquilidad. Me asombran sus melodías, sus estructuras armónicas, la sonoridad que logra y que conmueve hasta la médula, su capacidad para pasar como si nada de un rock acelerado a una tonada beatlesca que provoque suspiros.
En resumen, él es como de mi familia, y así mismo se le quiere, se le respeta y se le desea un muy feliz cumpleaños.
sábado, marzo 11, 2006
Angela escribe: el por qué de esta vaina
Aquí lo ilustran mejor
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